Los molinos de Campos

Hablar de un elemento ligado al paisaje de Campos, es hablar de sus tradicionales molinos. Hoy en día, los molinos de Campos aparecen salpicados por los caminos rurales y las fincas que se suceden por todo su término municipal, dando un toque de color a cualquier ruta senderista o cicloturista. Más allá de su atractivo visual, hay que reparar en su función e importancia histórica. Los Molinos de Ramell servían para extraer agua del subsuelo, algo que en un lugar como Campos, con un clima semidesértico propio del suroeste de Mallorca, supuso un auténtico punto de inflexión histórica. Después de épocas de duras sequías, los molinos abrieron una nueva realidad.

Su auge se disparó exponencialmente, a partir de los primeros 14 molinos construidos en 1914, hasta alcanzar la cifra de 1.500 en 1966. Con el agua, los cultivos de regadío comenzaron a ganar peso por todo el municipio de Campos y, con ellos, una potente industria agroganadera, especialmente con multitud de vaquerías que convirtieron a este territorio en un referente en el Estado español en lo que a producción de leche se refiere. Esta circunstancia pronto se dio de frente con la realidad, ya que la sobreexplotación de los recursos acuíferos se hizo más que patente. No sólo por la multiplicación de molinos, sino sobre todo por la evolución de los métodos de extracción del líquido elemento.

Los molinos de Campos, The mills of Campos

Lo que en un primer momento se hacía de forma equilibrada con la fuerza del viento, dio paso a motores diesel primero y a sistemas eléctricos por último, lo que multiplicó los metros cúbicos de agua extraídos hasta márgenes imposibles de sostener. Los pozos de agua acabaron salinizados y, con ellos, la industria agroganadera basada en los cultivos de regadío entró en declive. En la actualidad, quedan los Molinos de Ramell como elemento paisajístico y como recuerdo de una época no tan lejana, en donde marcaron el devenir y desarrollo del municipio de Campos.